Benvolgudes ciutadanes, benvolguts ciutadans,
Cada 8 de setembre, Andorra se reúne en torno a la figura de la Mare de Déu de Meritxell, patrona del Principado. Este día trasciende la mera celebración religiosa o la tradición, convirtiéndose en un momento de reencuentro colectivo, agradecimiento hacia quienes nos han precedido y, sobre todo, de confianza en el futuro que somos capaces de construir juntos.
Un pueblo con carácter
Meritxell nos recuerda que hay pueblos que se definen por la fuerza de su territorio. Sin embargo, Andorra se define, sobre todo, por el carácter de su gente. Un pueblo que nunca ha dado nada por garantizado, que ha sabido convertir dificultades en oportunidades y que siempre ha entendido que el futuro es el compromiso de cada generación con las que vendrán después.
Estamos viviendo una época extraordinaria. La humanidad nunca ha acumulado tanto conocimiento, tanta capacidad científica y tecnológica, ni tantas herramientas para transformar el mundo. Pero este progreso también nos obliga a tomar decisiones que marcarán el futuro de las próximas generaciones.
Desafíos cruciales para Andorra
Andorra se enfrenta a decisiones trascendentales. Debemos seguir compatibilizando el dinamismo económico con la preservación de nuestro territorio; garantizar que los jóvenes puedan emanciparse y acceder a una vivienda asequible; consolidar una economía más innovadora, diversificada y competitiva; y reforzar los servicios públicos, asegurando que continúen a la altura de nuestras expectativas. También debemos decidir qué papel queremos desempeñar en una Europa y un mundo que están cambiando profundamente. Porque el verdadero progreso no consiste únicamente en crecer, sino en asegurar que ese crecimiento se traduzca en más bienestar, más oportunidades y una mejor calidad de vida para todos.
Este año, esta mirada hacia el futuro coincide con una efeméride especialmente significativa: el quincuagésimo aniversario del nuevo Santuario de Meritxell. Tras el incendio que destruyó el antiguo Santuario, Andorra supo transformar una inmensa pérdida en una oportunidad para levantar un nuevo símbolo de esperanza. Aquella reconstrucción no fue solo arquitectónica; fue también una afirmación colectiva de confianza en nosotros mismos.
Lecciones de Meritxell
Quizás esta sea una de las lecciones y metáforas más valiosas que nos ofrece Meritxell. Las sociedades avanzan cuando saben preservar sus raíces sin dejar de mirar hacia el futuro. Cuando logran mantenerse fieles a sus valores y, al mismo tiempo, adaptarse a los nuevos tiempos. Cuando entienden que amar a un país también significa prepararlo para que las generaciones futuras encuentren aún más oportunidades que las que nosotros tuvimos.
Estoy convencido de que Andorra seguirá haciéndolo. Porque si algo nos ha enseñado nuestra historia es que este país siempre ha sabido encontrar lo mejor de sí mismo en los momentos decisivos. Lo hemos hecho a lo largo de los siglos y lo continuaremos haciendo ante los retos que tenemos por delante. Esta es la confianza que hoy quiero compartir con todos ustedes: la confianza en una Andorra que seguirá siendo soberana, abierta al mundo sin renunciar nunca a su identidad, próspera, cohesionada y solidaria, orgullosa de su pasado, pero aún más ilusionada por el futuro que puede construir.
Fiel a su historia, Andorra nunca ha avanzado cerrándose al mundo, sino abriéndose a él con confianza, preservando siempre lo que nos hace únicos. Esta misma actitud es la que hoy debe permitirnos afrontar los grandes debates del futuro con serenidad, ambición y confianza en nosotros mismos.
Muy feliz Día de Meritxell a todos.




