El empresario andorrano asegura que enfermó gravemente después de permanecer 23 días en Uganda, pasó posteriormente por Guinea y Johannesburgo y llegó a Dubái en un estado que obligó a trasladarlo directamente en ambulancia al hospital. Los médicos llegaron inicialmente a adoptar precauciones ante la posibilidad de que pudiera padecer ébola, aunque esa sospecha nunca se convirtió en diagnóstico. Pérez afirma que sufrió una pericarditis y que su hospitalización se prolongó durante cuatro meses.
Por la redacción de La Voz de Andorra
El misterio sobre el paradero de Jean-Louis Pérez Pradere, miembro de la familia propietaria de Pyrénées, comienza finalmente a despejarse. El empresario ha regresado a España después de permanecer alrededor de cuatro meses ingresado en un hospital de Dubái como consecuencia de una enfermedad que comenzó durante un accidentado viaje por África y que, según su propio relato, llegó a provocar una situación médica suficientemente grave como para que fuera trasladado directamente en ambulancia al llegar a Emiratos Árabes Unidos.
El regreso permite reconstruir ahora buena parte del periodo de silencio que llevó a una de sus hijas a denunciar su desaparición ante la Policía de Andorra el pasado mes de mayo. Durante meses se supo que Pérez había viajado por África, existían documentos que lo situaban en Uganda y posteriormente aparecieron informaciones que aseguraban que se encontraba en Dubái, pero la Policía andorrana nunca llegó a confirmar oficialmente aquella localización. Más de cinco meses después de su última comunicación documentada, es el propio empresario quien ha explicado dónde estuvo y qué ocurrió durante ese periodo.
Pérez asegura que inició el viaje a finales de febrero con salida desde Barcelona. La documentación a la que tuvo acceso La Voz de Andorra ya había permitido establecer que el 28 de febrero fueron emitidas a su nombre dos tarjetas de embarque de EgyptAir, una correspondiente al vuelo entre Barcelona y El Cairo y otra entre la capital egipcia y Entebbe, principal aeropuerto internacional de acceso a Kampala. Su relato actual confirma aquel itinerario: viajó a Uganda porque tenía una cita en Kampala y su intención inicial era permanecer allí únicamente cuatro días.
Los planes, sin embargo, comenzaron a complicarse prácticamente desde su llegada. Según explica Pérez, durante el segundo día de estancia se produjeron los ataques contra Irán y las alteraciones posteriores del tráfico aéreo impidieron que pudiera continuar el itinerario previsto. Lo que debía ser una estancia de cuatro días terminó convirtiéndose, según sus cálculos, en 23 días en Uganda. Pérez rechaza además que durante ese periodo se encontrara desaparecido o incomunicado. «Allí sí que estaba, evidentemente, identificado y hablando con todo el mundo», ha señalado al explicar aquellos primeros días del viaje.
Esta versión coincide con uno de los principales documentos que La Voz de Andorra había publicado anteriormente. El 15 de marzo de 2026, después de que una persona de su entorno le preguntara si se encontraba en Andorra, Jean-Louis respondió a las 14.02 horas: «Hola, estoy en Kampala Uganda». En otra comunicación anterior había escrito: «Voy a Kampala. Luego Saudi». Hasta ahora, ese mensaje del 15 de marzo constituía la última localización que podía atribuirse directamente al empresario sin depender de informaciones de terceros.
Su intención de continuar hacia Arabia Saudí tampoco pudo desarrollarse según lo previsto. Pérez explica ahora que después de Kampala se desplazó a Guinea, donde debía realizar diversas gestiones relacionadas con documentación. Desde allí trató de encontrar una ruta que le permitiera continuar hacia Oriente Medio, pero las dificultades aéreas obligaron nuevamente a modificar sus planes. Según su versión, no consiguió vuelos adecuados desde Kenia ni desde Tanzania y finalmente fue encaminado hacia Johannesburgo, en Sudáfrica, desde donde consiguió continuar el viaje hasta Dubái.
Este detalle permite corregir una parte importante de la reconstrucción inicial realizada durante los primeros días de la desaparición. Las informaciones conocidas entonces situaban sus últimos movimientos en el sur de África y podían dar a entender que Sudáfrica había precedido a su estancia en Uganda. Según el relato que ofrece ahora el propio Pérez, ocurrió exactamente al contrario: primero estuvo en Uganda, posteriormente pasó por Guinea y solo después llegó a Johannesburgo, desde donde voló finalmente hacia Dubái.
Fue precisamente al llegar a Emiratos cuando su situación cambió por completo. «Cuando llego a Dubái estoy fatal, me meten en una ambulancia y me llevan al hospital», ha explicado. El hecho de que procediera de Uganda llevó al centro sanitario, según su relato, a adoptar inicialmente medidas especiales de seguridad ante la posibilidad de encontrarse ante una enfermedad infecciosa grave como el ébola. Esa precaución hospitalaria no significa que Pérez padeciera ébola ni que llegara a ser diagnosticado de esta enfermedad. Se trató, según explica, de una sospecha inicial relacionada con su procedencia y con el estado en el que llegó al hospital.
Pérez asegura que finalmente sufrió una pericarditis, una inflamación de la membrana que rodea el corazón, aunque continúa sin conocerse públicamente la naturaleza exacta de la infección o enfermedad que desencadenó todo el cuadro clínico. Lo cierto es que su estado obligó a prolongar extraordinariamente el ingreso: permaneció aproximadamente cuatro meses hospitalizado en Dubái. Esa hospitalización aporta ahora una explicación completamente diferente a las hipótesis que circularon durante los meses en que familiares, conocidos y autoridades trataban de determinar dónde se encontraba.
El prolongado silencio tuvo además, según Pérez, una explicación práctica especialmente complicada. El hospital necesitaba acceder a su historial médico para comprobar posibles antecedentes y establecer qué enfermedades o tratamientos podían ser relevantes para su estado, pero él asegura que no disponía de su teléfono y tampoco recordaba los números de contacto necesarios para iniciar las gestiones. Finalmente consiguió facilitar el teléfono de un amigo al que identifica como embajador en Andorra, y a partir de ese contacto comenzaron las gestiones con las autoridades andorranas y con la Embajada de España en Dubái.
El procedimiento tampoco fue inmediato. Pérez afirma que para conseguir la documentación médica y resolver su situación tuvieron que intervenir abogados, tramitarse poderes de representación y coordinarse diferentes organismos. Según sus cálculos, esas gestiones se prolongaron entre dos meses y medio y tres meses, circunstancia que ayudaría a entender por qué, pese a encontrarse físicamente en un hospital de Dubái, durante tanto tiempo no existió una confirmación oficial que permitiera a la Policía andorrana dar públicamente por localizado al empresario.
Esta explicación arroja nueva luz sobre uno de los episodios más desconcertantes del caso. Cuando la desaparición trascendió públicamente el 12 de mayo, se sabía que una de sus hijas había acudido a la Policía después de semanas sin conseguir contactar con él. Los mensajes enviados a su teléfono no eran recibidos y tampoco existía respuesta a los correos electrónicos. La investigación comenzó entonces a utilizar canales de cooperación internacional para intentar reconstruir sus movimientos.
Un día después, el 13 de mayo, se publicó que Jean-Louis Pérez había “reaparecido” en Dubái y que se encontraba sano y salvo. Durante unas horas pareció que el caso estaba resuelto. Sin embargo, la Policía de Andorra aseguró entonces que no disponía de ninguna confirmación oficial sobre su localización y mantuvo activas las gestiones para encontrarlo. Durante los meses posteriores tampoco trascendió públicamente ninguna comunicación policial que acreditara que Pérez hubiera sido localizado ni que la denuncia presentada por su hija hubiese sido retirada o archivada.
Ahora sabemos que la referencia a Dubái era correcta, pero no lo era necesariamente la imagen que acompañó a aquella supuesta reaparición. Pérez no estaba continuando tranquilamente sus actividades ni simplemente había decidido permanecer alejado de Andorra. Según su propio testimonio, se encontraba hospitalizado y atravesando un cuadro médico suficientemente grave como para permanecer cuatro meses ingresado.
El relato plantea, sin embargo, otra pregunta inevitable: cómo fue posible que una persona denunciada como desaparecida, buscada mediante mecanismos de cooperación policial internacional y aparentemente ingresada durante meses en un hospital de Dubái no pudiera ser localizada oficialmente durante todo ese periodo. Parte de la explicación podría encontrarse en la confidencialidad de la información sanitaria, en su estado clínico, en la ausencia de su teléfono y documentación personal o en la complejidad administrativa que él mismo describe. Pero será necesario conocer si las autoridades andorranas recibieron posteriormente alguna comunicación oficial desde Emiratos y en qué momento pudieron establecer que la persona cuya desaparición investigaban se encontraba realmente hospitalizada.
Pérez asegura que salió finalmente del hospital la pasada semana y tomó un vuelo con destino a Barcelona. Incluso el regreso tuvo un último contratiempo: explica que en el aeropuerto se extraviaron su equipaje y una bolsa en la que transportaba documentación personal. Conservaba, no obstante, el pasaporte, lo que le permitió completar el viaje y regresar a España.
El empresario afirma también que ya ha podido contactar nuevamente con sus hijas. Tanto el regreso como esa comunicación familiar han sido anunciados por el propio Pérez. Ese dato permite cerrar humanamente el aspecto más preocupante del caso, aunque no significa por sí mismo que la denuncia por desaparición haya sido formalmente retirada ni que la Policía de Andorra haya archivado definitivamente el expediente.
La historia adquiere así una dimensión muy diferente de la que parecía tener cuando trascendió en mayo. Un viaje que debía llevarlo durante apenas cuatro días a Uganda terminó convirtiéndose en una sucesión extraordinaria de cambios de ruta: Barcelona, El Cairo, Kampala, una estancia forzada de 23 días en Uganda, Guinea, dificultades para encontrar conexiones aéreas, Johannesburgo y finalmente Dubái. Allí, cuando aparentemente debía continuar su viaje, comenzó un capítulo completamente distinto: traslado en ambulancia, aislamiento preventivo ante la sospecha inicial de una enfermedad infecciosa procedente de África, diagnóstico de pericarditis y cuatro meses de hospitalización.
Quedan detalles por conocer, especialmente sobre la enfermedad que desencadenó el cuadro, el funcionamiento de la cooperación policial mientras permaneció ingresado y el momento exacto en que las autoridades pudieron conocer su situación. Pero la pregunta que durante meses permaneció abierta —¿dónde está Jean-Louis Pérez?— tiene finalmente una respuesta ofrecida por el propio protagonista.
Estaba en Dubái. Pero estaba en un hospital.
Y después de cuatro meses de ingreso, Jean-Louis Pérez Pradere ha vuelto a España y ha retomado el contacto con su familia, cerrando así el episodio más inquietante de una desaparición que durante meses estuvo rodeada de informaciones contradictorias y de un silencio que ahora empieza a tener explicación.




