La desconexión de los jóvenes con la política
Al alcanzar los dieciocho años, una persona se convierte en mayor de edad, adquiriendo así sus derechos políticos. Sin embargo, la realidad plantea una pregunta inquietante: ¿cuántos jóvenes se sienten realmente preparados para participar en la democracia?
Con dieciocho años, y a punto de cumplir diecinueve, me considero una “nueva ciudadana con plenos derechos”. A pesar de mi juventud, tengo un interés profundo por la política, lo que me llevó a estudiar en Sciences Po en Toulouse. Sin embargo, al hablar con amigos, surge una idea común: “la política no me interesa”, “no sé lo suficiente” o “no estoy bien informado/a”.
Falta de información y la vida fuera del país
Esta desconexión se entiende al analizar el sistema educativo. En las escuelas de Andorra, se enseña poco sobre el funcionamiento electoral y no se mencionan las elecciones. Además, tras finalizar el bachillerato, muchos jóvenes optan por estudiar en el extranjero. Esta circunstancia significa que, en el momento en que pueden votar, a menudo ya están inmersos en la vida universitaria fuera del país, lidiando con plazos y exámenes.
Estos factores contribuyen a la alta tasa de abstención entre los jóvenes de 18 a 25 años, que alcanza el 44%, y entre los de 26 a 35 años, con un 41%, según datos del Departamento de Estadística.
La política y sus consecuencias
La realidad es contundente: si no nos involucramos en la política, esta terminará por influir en nuestras vidas. Al regresar a Andorra, muchos jóvenes se enfrentan a precios de alquiler exorbitantes y dificultades para encontrar empleo, incluso después de haber pasado entre tres y seis años formándose. Además, las instituciones políticas parecen estancadas, con pocas caras nuevas en el panorama.
Diversos estudios han abordado el abstencionismo juvenil, un fenómeno que también se observa en gran parte de Europa, donde muchos jóvenes sienten que los políticos están desconectados de la realidad y aferrados al poder. Este desencanto ha sido descrito por el politólogo Peter Mair como parte de la crisis de la democracia representativa.
Reflexiones sobre el abstencionismo juvenil
<pComo ciudadana preocupada, me pregunto cómo han enfrentado otros países este problema de abstención juvenil. ¿Han encontrado soluciones eficaces? ¿Qué podemos aprender de ellos?
Existen dos enfoques para abordar esta cuestión. Por un lado, algunos proponen convertir el derecho al voto en una obligación, sancionando a quienes no votan. Sin embargo, esta medida resulta excesivamente coercitiva y deslegitima la abstención como forma de protesta política.
Por otro lado, se sugiere bajar la edad del voto a dieciséis años. Aunque pueda parecer arriesgado, varios países europeos lo han implementado con éxito. En Austria, desde 2007, se ha permitido el voto a los dieciséis años en todas las elecciones, y los resultados han sido positivos, ya que los jóvenes adoptan antes el hábito de participación electoral.
La urgencia de involucrar a las nuevas generaciones
En un contexto donde los jóvenes son cada vez más informados y afectados por decisiones políticas, es crucial implementar medidas que fomenten su participación en la vida democrática. De lo contrario, corremos el riesgo de avanzar hacia una oligarquía, donde las mismas personas toman decisiones porque otros han dejado de creer en la importancia de participar.
Inès Foubert Fité, afiliada de Concòrdia






