Transformación educativa en Andorra
El Ministeri de Relacions Institucionals, Educació i Universitats ha dado un paso decisivo en la evolución del modelo tecnológico educativo del país, con un objetivo claro: garantizar que la tecnología esté siempre al servicio del aprendizaje y de la protección de los menores. La reciente decisión de retirar los iPads en la primera enseñanza y su sustitución por ordenadores no representa un retroceso en la transformación digital, sino que se enmarca en un modelo más maduro, seguro y con una supervisión efectiva de los entornos de aprendizaje, tal como lo ha manifestado el secretario de Estado de Educación y Universidades, Josep Anton Bardina.
Esta decisión se adopta tras una auditoría externa e independiente encargada por el Ministerio, después de un incidente detectado en junio en un dispositivo de primera enseñanza. El estudio confirma que “los mecanismos de filtrado de la red educativa funcionan correctamente dentro de su perímetro, pero identifica riesgos cuando se pierde el control del dispositivo o de la conectividad, lo que evidencia la necesidad de avanzar hacia un modelo con más garantías de supervisión y control”, explicó Xavier Campuzano, director del Departamento de Enseñanza Superior, Investigación e Innovación Tecnológica.
Reflexión sobre el uso de la tecnología
Más allá de la respuesta técnica, la decisión se inscribe en una reflexión internacional cada vez más presente sobre el uso de la tecnología en las primeras etapas educativas. Diversos países europeos están revisando los modelos de digitalización implementados en los últimos años para asegurar que la innovación tecnológica realmente contribuya a mejorar los aprendizajes y el bienestar de los alumnos. Por ejemplo, Suecia ha reorientado su estrategia educativa para reforzar la lectura y recuperar el protagonismo de los libros de texto, mientras que en Noruega se ha intensificado el debate sobre la necesidad de encontrar un mejor equilibrio entre el uso de las pantallas y el desarrollo de las competencias básicas.
En este contexto, Andorra adopta una decisión propia, basada en la evidencia, la seguridad y la calidad pedagógica. Para el Ministerio, la innovación educativa no se mide por el número de pantallas presentes en las aulas, sino por la capacidad de cada herramienta de generar valor educativo, favorecer los aprendizajes y garantizar entornos seguros para los alumnos.
“Las sociedades más avanzadas están revisando hoy cómo se utiliza la tecnología en las aulas. El debate ya no es si hay más o menos pantallas, sino cómo garantizamos mejores aprendizajes y más protección de los niños. Andorra quiere estar al lado de las políticas educativas que colocan el interés del alumno por encima de cualquier inercia tecnológica. Nuestra prioridad es una educación de calidad, segura y adaptada a las necesidades reales de cada etapa del desarrollo”, destacó el secretario de Estado de Educación y Universidades, Josep Anton Bardina.
El Gobierno continuará implementando las mejoras derivadas de la auditoría y adaptando las herramientas digitales a cada etapa educativa para consolidar un modelo que combina innovación, seguridad y excelencia pedagógica. El objetivo es claro: una digitalización responsable, útil y al servicio de la educación y de los niños.





