Negociar de rodillas

Un hombre de rodillas frente a un mapa de España y Marruecos
La imagen representa una negociación tensa entre España y Marruecos.

El problema no es Marruecos, sino un Gobierno incompetente, indigno y desleal

 

Con el primer sorbo del café el marino comenta:

—La crisis de Ceuta permite observar otras caras del complejo poliedro de la relación con Marruecos. Además de inmigración, soberanía o estrategia territorial, conviene seguir al dinero, la energía y los intereses cruzados para comprobar que la debilidad española no es por la fuerza de Rabat, sino por la incapacidad de Sánchez con sus acólitos, para gestionar y defender los intereses españoles.

España es el primer socio mercantil de Marruecos, el comercio bilateral, en 2025, ascendió a 22.757 millones de euros, con un superávit para las exportaciones españolas, con cientos de empresas instaladas en Marruecos, especialmente en energía, infraestructuras, automoción, banca, tecnología, turismo y agricultura intensiva.

El país alauita es uno de nuestros principales destinos para invertir en África, por tanto, hay una relación de interdependencia y esos datos también hay que ponerlos en el tablero para analizar todo lo ocurrido en Ceuta.

Interviene la joven profesora:

—No se ha vivido un problema migratorio, sino una declaración de guerra híbrida; se ha utilizado la frontera, con una invasión humana y capacidad desestabilizadora y utilizada como instrumento político de presión.

La reclamación de la titularidad de Ceuta y Melilla viene de lejos, aunque a Marruecos, no les interesa mientras España invierta —menos de lo deseado— en infraestructuras y servicios, no obviemos que más del 50 % de la población de esas ciudades es de origen marroquí.

El interés estratégico de Rabat está en el control del Estrecho. No olvidemos que Tánger Med movió, en 2025, 11,1 millones de contenedores y 161 millones de toneladas de mercancías —superando a Algeciras desde el 2020— y ahora se va sumar la apertura de Nador West Med, otro centro logístico de cara al Mediterráneo.

Mientras España, en el ministerio de Carlos Cuerpo,  aporta más de 750 millones de financiación pública para material ferroviario; el ministerio de Marlaska otros 44 millones para equipar a las fuerzas marroquíes para el control fronterizo, con 230 todoterrenos, 100 pick-up, ambulancias, camiones y otros medios.

Más otras ayudas directas para sufragar patrullas, combustible, mantenimiento de equipos, incluso «dietas e incentivos» para personal marroquí para la inmigración irregular, el tráfico de inmigrantes y la trata. Añadamos que Marlaska ha aportado 1.500.000 euros para proyectos de la OIM entre 2020-2022; más 496.535 euros en 2023-2024, y en programas para retorno voluntario y gestión fronteriza, en 2025, 646.535 euros y en 2026, ya 796.535 euros.

El marino añade:

—La UE, entre 2021-2025 ha asignado a Marruecos unos 1.150 millones de euros de cooperación bilateral, a través de Global Gateway otros 1.100 millones en subvenciones, garantías y financiación combinada, que alcanza unos 5.500 millones; más con el BEI, en 2025, ha concedido 740 millones y en 2026, a junio, otros 365 millones para carreteras y ferrocarriles.

La ecuación se completa si añadimos las remesas que los marroquíes mandan desde el extranjero. El B. Mundial, en 2025, las estima alrededor del 7,5 % de su PIB y de las que España es uno de los principales contribuyentes en la actualidad.

Con este tablero, sería ridículo, inviable y contraproducente cualquier medida extremista; pero cualquier gobierno lo utilizaría como instrumentos de negociación ante un socio, desleal y traicionero y que actúa contra los intereses españoles.

Marruecos necesita a la UE, más de lo que dice, porque es su mercado, su fuente de financiación, de inversión y tiene un acceso preferencial, de ahí su intensa actividad lobista en Bruselas, como evidencia el «Maroccogate».

La profesora precisa:

—La respuesta española no puede ser ni mirar para otro lado, ni con soluciones simplistas. España no puede imponer aranceles, ni romper acuerdos comerciales europeos, ni sería inteligente cerrar el comercio o cortar contratos, pero si puede trasladar esa presión a la UE —claro que para eso hace falta mucha más masa encefálica y menos muscular—.

También se pueden revisar futuras ayudas bilaterales, suspender nuevas entregas de material policial, endurecer las condiciones para nuevos programas de cooperación, exigir reciprocidad antes de respaldar proyectos estratégicos.

Además, España dispone de instrumentos contundentes. Marruecos necesita gas natural licuado y necesita utilizar las plantas regasificadoras españolas y que después recibe a través del gasoducto Magreb-Europa. ¿Se podría cortarlo temporalmente y sentarse a negociar?

Una medida extrema, pero ante una situación extrema; claro que para eso hace falta un gobierno con sentido de Estado, no un Pedro Sánchez con un consejo de ministros que corretean a la rayuela. Marruecos lleva mucho tiempo jugando con España y asaltar nuestras fronteras ha sido una declaración de guerra, híbrida, pero guerra y eso lo tiene que entender Marruecos, España y la UE. Mientras tanto, en el contexto internacional no saldremos del cuarto de las escobas.

El viejo marino remata:

Marruecos juega sus cartas, como todos los países, pero España le da la baraja, le financia la partida y jugamos con las cartas boca arriba.

 

Jorge Molina Sanz

Agitador neuronal

jorge@consultech.es