L’Orquestra Nacional Clàssica d’Andorra (ONCA), respaldada por el Govern d’Andorra y la Creand Fundació, presentó el pasado sábado en el Auditori Nacional d’Ordino el concierto Planeta fràgil. Esta propuesta artística fusiona la reflexión sobre la naturaleza con la memoria histórica, bajo la dirección del maestro Diego Martín-Etxebarría.
El programa del concierto instó al público a contemplar el pasado como una vía para construir un futuro más sostenible, tanto desde una perspectiva medioambiental como social. Según Martín-Etxebarría, la fragilidad del planeta es un concepto que se puede interpretar de diversas maneras. “Pensé en cómo podemos cuidar nuestro planeta y concluí que la única forma de edificar tanto la naturaleza como la sociedad es con raíces firmes”, afirmó el director.
Un viaje musical hacia el pasado
A partir de esta idea, el director seleccionó obras de compositores que han sabido mirar hacia atrás para crear nuevos lenguajes musicales. El programa incluyó piezas como la Capriol Suite de Peter Warlock, inspirada en danzas renacentistas; la Suite de Leoš Janáček, vinculada al folklore checo; una obra del joven compositor colombiano Nicolás Prada, que amalgama tradición y modernidad; la Holberg Suite de Edvard Grieg, que recupera melodías y colores escandinavos; y Crisantemi de Giacomo Puccini, una pieza que evoca el ciclo de la vida a través de las flores que recuerdan a los difuntos.
Más allá de la temática naturalista, Martín-Etxebarría resaltó la importancia de preservar la memoria colectiva. “El tema es la naturaleza, pero también quería considerar cómo podemos cuidarnos entre nosotros y recordar nuestra historia. No debemos olvidar lo que hemos vivido, ya que a veces parece que hemos borrado todo lo que ha pasado. Creo que aferrarnos a las buenas construcciones del pasado y, a partir de esos cimientos, construir algo nuevo es lo que nos llevará a un futuro positivo”, subrayó.
Una experiencia única para el público
Una de las características distintivas del concierto fue su innovadora puesta en escena. La organización transformó el espacio habitual del Auditori Nacional, ubicando a parte del público sobre el mismo escenario, detrás y a los lados de los músicos, dejando la platea vacía. Esta iniciativa se diseñó “para crear una sensación de comunidad, de estar todos juntos en esto”, explicó el director. La disposición, complementada con una iluminación basada en velas, buscaba crear una atmósfera íntima. “En los conciertos suele haber una especie de barrera entre la orquesta y el público; para este evento lo hemos hecho más íntimo, y las velas contribuyen a esa sensación de una cena romántica”, detalló Martín-Etxebarría.
Este formato también representa un reto para los intérpretes, quienes actúan con los espectadores a escasos metros de distancia. A pesar de ello, el director consideró que esta cercanía permite disfrutar de la música de una manera más intensa. “Estar prácticamente entre los músicos y ver cómo funciona todo es una experiencia muy especial”, destacó. Según Martín-Etxebarría, esta iniciativa ayuda a reducir la distancia física y simbólica que a menudo separa la música clásica del público, favoreciendo una experiencia más inmersiva y compartida.





