La Policía investiga varios episodios con características similares: mujeres no residentes que alquilan apartamentos turísticos durante unos días, ofrecen servicios sexuales y abandonan después el país. El caso detectado en la avenida Doctor Mitjavila sería el cuarto de este tipo en dos años.

Lo que comenzó como una incidencia aparentemente ordinaria en un apartamento turístico de Andorra la Vella ha abierto una nueva línea de investigación policial sobre el posible uso de alojamientos de corta estancia para la prestación de servicios sexuales en el Principado.
Los hechos ocurrieron el pasado 9 de junio en un apartamento turístico situado en la avenida Doctor Mitjavila. La propietaria del inmueble alertó a la Policía por problemas relacionados con el alquiler y por movimientos que le resultaron inusuales. Al acudir al lugar, los agentes identificaron a ocho mujeres no residentes alojadas en el apartamento. No se practicaron detenciones, pero el episodio activó las pesquisas policiales.
Según informó Cadena SER Andorra, este caso no sería un hecho completamente aislado. La Policía estaría investigando varios episodios con un procedimiento semejante: mujeres no residentes que llegan al país, alquilan apartamentos turísticos durante breves periodos de tiempo, ofrecen servicios sexuales mientras dura su estancia y posteriormente abandonan Andorra.
De acuerdo con la misma información, el caso de Doctor Mitjavila sería el cuarto episodio de estas características detectado en los últimos dos años. La repetición de determinados elementos ha llevado a plantear una cuestión incómoda: si se trata de sucesos independientes o si, por el contrario, empieza a consolidarse un modelo operativo en distintos puntos del Principado.
Uno de los antecedentes más recientes se produjo en marzo de este año en Encamp. Tras varias semanas de investigación, la Policía intervino en un piso donde presuntamente se ejercía la prostitución. En el interior fueron localizadas dos mujeres y un cliente, que fue sancionado por solicitar servicios sexuales. Una de las mujeres fue detenida por posesión de 14 gramos de tusi y cerca de 1.400 euros en efectivo.
Ese inmueble, según la información recabada, formaba parte del mercado oficial de apartamentos turísticos. Contaba con licencia para esta actividad y estaba destinado a alquileres de corta estancia. Según ha podido saber este medio a través del propietario, la gestión turística del piso estaba encomendada a un profesional dedicado a la explotación de alojamientos vacacionales. Actualmente, el apartamento ya no se alquila por días y ha pasado al mercado residencial de larga duración.
El caso de Encamp y el de Doctor Mitjavila no son los únicos antecedentes conocidos. La Policía ya había actuado anteriormente en un piso de Escaldes vinculado a la prostitución y, según la información publicada por Cadena SER, también se detectó un inmueble utilizado para esta actividad durante una investigación relacionada con una red de contrabando desarticulada en 2025.
Las autoridades, no obstante, mantienen un mensaje de prudencia. La ministra de Justicia e Interior, Ester Molné, ha insistido en que se trata de casos puntuales y ha evitado confirmar que el episodio de Doctor Mitjavila pueda calificarse ya como un caso de prostitución hasta que finalicen las investigaciones. La ministra también ha subrayado que el objetivo del Gobierno es impedir que este fenómeno llegue a cronificarse en el país.
Por el momento, no existe ninguna evidencia pública que permita vincular estos episodios entre sí ni atribuirlos a una misma organización. Sin embargo, la repetición de algunos rasgos resulta significativa: apartamentos turísticos legales, estancias breves, mujeres no residentes y captación de clientes a través de internet.
La pregunta de fondo quizá no sea únicamente si existe una red detrás de estos casos, sino hasta qué punto el uso temporal de apartamentos turísticos para ofrecer servicios sexuales se está convirtiendo en una práctica recurrente en Andorra.
Las investigaciones abiertas durante los dos últimos años todavía no permiten dar una respuesta definitiva. Pero sí muestran que detrás de varias intervenciones aparentemente inconexas aparece un mismo escenario: el de pisos turísticos utilizados durante pocos días para una actividad difícil de detectar, difícil de controlar y con capacidad para desplazarse rápidamente de un inmueble a otro.





