La conexión entre Andorra y Madrid recupera la normalidad tras las incidencias de mayo.

Desde junio hasta agosto, la conexión air Andorra–Madrid ha funcionado sin incidencias relevantes. El Govern mantiene el contrato con Air Nostrum, pidiendo vuelos matutinos para mejorar la regularidad, pero carece de detalles sobre garantías y cambios operativos.
Avión de Air Nostrum en el aeropuerto de Andorra con montañas al fondo
El avión de Air Nostrum en el aeropuerto de Andorra. Incidencias recientes han llamado la atención.

Después de las incidencias de mayo, la conexión con Madrid no ha registrado nuevos problemas relevantes entre junio y agosto. El Govern mantiene el contrato y pide trasladar los vuelos a la mañana, aunque todavía no ha explicado qué garantías concretas ha obtenido de la compañía.

La ruta aérea entre Andorra–La Seu d’Urgell y Madrid parece haber recuperado la normalidad. Después de un mes de mayo marcado por cancelaciones, desvíos y problemas técnicos, no constan públicamente nuevas incidencias destacables entre el 1 de junio y el 25 de agosto de 2026.

Es una buena noticia. Y conviene decirlo.

La conexión operada por Air Nostrum necesitaba recuperar estabilidad después de varias semanas en las que las dificultades técnicas y meteorológicas volvieron a poner a prueba la paciencia de los pasajeros y la confianza del propio Govern.

El episodio más complicado se produjo a finales de mayo. Un avión tuvo que regresar a Madrid por un problema de presurización; varios vuelos fueron desviados a Lleida-Alguaire por las condiciones meteorológicas y las conexiones con Palma también sufrieron cancelaciones. A ello se sumaron las críticas de algunos viajeros por la información recibida y por la coordinación de las alternativas de transporte.

La acumulación de incidentes llevó al secretario de Estado de Transición Energética, Transportes y Movilidad, David Forné, a advertir públicamente que el futuro del contrato debía ser analizado. Durante varios días, la continuidad de Air Nostrum dejó de darse por sentada.

Sin embargo, el tono fue cambiando a medida que los vuelos recuperaron la regularidad.

El 9 de julio, Forné reconoció que desde las incidencias de mayo no se habían producido nuevos problemas y señaló que el Govern estaba, en líneas generales, satisfecho con la colaboración mantenida durante estos años con la compañía. Aquella normalidad rebajó considerablemente la tensión antes de la reunión prevista con Air Nostrum. SER Andorra.

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Cinco días después se produjo el encuentro.

El resultado fue claro: el Ejecutivo trasladó a Air Nostrum su voluntad de mantener el contrato vigente. Al mismo tiempo, pidió a la compañía que priorizara, siempre que fuera posible, las operaciones en horario de mañana para mejorar la regularidad del servicio. Altaveu.

La petición tiene una explicación operativa. En un aeropuerto de montaña, las condiciones meteorológicas pueden variar considerablemente durante el día. El calor, el viento y la formación de determinadas corrientes pueden complicar las operaciones durante las horas centrales o finales de la jornada. Adelantar los vuelos podría reducir parte de ese riesgo.

Pero, hasta ahora, el Govern no ha comunicado públicamente si Air Nostrum ha aceptado modificar los horarios, cuándo se aplicaría el cambio ni qué compromisos concretos asumió durante la reunión.

Esa ausencia de detalles resulta significativa.

Porque entre advertir que un contrato puede estar en peligro y anunciar pocas semanas después la voluntad de mantenerlo existe una decisión política que debería explicarse con transparencia. ¿Qué datos presentó la compañía? ¿Qué causas atribuyó a las incidencias? ¿Qué medidas correctoras propuso? ¿Se revisaron los protocolos de atención a los pasajeros? ¿Habrá cambios en el transporte alternativo cuando un avión sea desviado?

No se trata de cuestionar que la normalidad haya regresado. Precisamente porque ha regresado, este puede ser el momento adecuado para analizar lo ocurrido sin la presión de una nueva cancelación.

La ruta no es una conexión aérea exclusivamente comercial. Desde su puesta en marcha ha necesitado apoyo económico del Govern para garantizar su viabilidad.

La adjudicación inicial de 2021 contemplaba una aportación máxima de 630.000 euros durante el primer año. Posteriormente, la cantidad aumentó hasta los 830.000 euros. Para la adjudicación correspondiente a 2025 y 2026 se fijó una subvención máxima de 940.000 euros para Madrid y de 660.000 para Palma: hasta 1,6 millones de euros dentro de la operación conjunta.

El dinero público convierte la regularidad, la información y la atención al pasajero en algo más que una cuestión interna entre una compañía y sus clientes.

También obliga a evaluar resultados.

La conexión ha transportado miles de pasajeros y permite enlazar Andorra con Madrid-Barajas y, desde allí, con la red nacional e internacional de Iberia. Pero su ocupación, su coste efectivo, el número anual de incidencias y las compensaciones previstas deberían conocerse de forma periódica y comprensible.

La confianza perdida tampoco se recupera únicamente porque durante unas semanas no se produzcan cancelaciones.

El 25 de junio, la vicepresidenta de la Asociación de Agencias de Viajes, Maica Terrones, explicó que algunos empresarios habían dejado de utilizar el avión y preferían desplazarse en AVE por la mayor seguridad que les ofrecía esa alternativa. Según Terrones, las agencias ya no trabajaban tanto con este producto debido a los problemas acumulados. SER Andorra.

Esta afirmación debería preocupar especialmente al Govern.

La ruta nació, entre otros objetivos, para facilitar los desplazamientos profesionales y conectar la economía andorrana con Madrid y con destinos internacionales. Si precisamente una parte del público empresarial comienza a buscar alternativas por falta de confianza, el problema no puede medirse únicamente contando cuántos aviones despegan y aterrizan.

Mientras tanto, el aeropuerto continúa creciendo en actividad. Durante julio registró 1.063 operaciones, un 83% más que en el mismo mes del año anterior. Es un récord histórico, aunque esa cifra incluye el conjunto de la actividad aeroportuaria y no debe confundirse con los vuelos comerciales de Air Nostrum. El 35% de las operaciones correspondió a servicios públicos vinculados, entre otros, a emergencias y lucha contra incendios. SER Andorra.

Andorra y Cataluña también han acordado avanzar hasta 2030 en la ampliación de los horarios operativos del aeropuerto y en su habilitación como punto de control internacional. Paralelamente, el Govern prepara una nueva estrategia de conectividad aérea y mantiene el proyecto de establecer una futura ruta con París.

Son planes ambiciosos. Pero antes de abrir nuevas conexiones quizá convenga consolidar plenamente la que ya existe.

Entre junio y agosto la ruta con Madrid ha funcionado sin nuevos incidentes relevantes conocidos. Ese periodo de normalidad debe reconocerse. Pero también debe servir para que el Govern y Air Nostrum expliquen qué han aprendido de mayo y qué cambiará cuando vuelva a producirse una cancelación o un desvío.

Porque la meteorología no puede controlarse. Una avería tampoco siempre puede preverse. Lo que sí debe organizarse es una respuesta.

La calidad de un servicio no se mide únicamente cuando todo funciona. Se mide, sobre todo, cuando deja de funcionar.

Y la pregunta continúa siendo la misma: ¿la normalidad de estos últimos meses responde a una mejora estructural del servicio o simplemente a que, esta vez, las circunstancias han sido favorables?