El BC MoraBanc Andorra despide a una de sus figuras más emblemáticas, quien estuvo presente en cada etapa del club durante más de tres décadas
La frase “Todo menos presidente” resume la trayectoria de Jordi Clua en el Bàsquet Club Andorra. Aunque sencilla, esta expresión refleja su papel fundamental dentro del club, donde ha sido todo sin necesidad de proclamarse como tal.
A lo largo de los años, Clua desempeñó múltiples roles, incluyendo jugador, segundo entrenador, delegado, directivo y gerente. Su figura se volvió indispensable en la rutina diaria del equipo. En un ambiente donde el tiempo apremia, él aportaba calma y soluciones, actuando antes de que surgieran los problemas y asegurando que todo funcionara con una normalidad que solo se aprecia cuando ya no está.
Un legado que perdura
La conexión de Clua con el club comenzó en 1977, cuando se unió como jugador. Aunque tuvo una breve pausa profesional fuera de la entidad, regresó en 1983 para formar parte de la historia del Bàsquet Club Andorra, contribuyendo al ascenso de Tercera a Segunda Nacional desde el banquillo en la recta final de aquella temporada.
Desde entonces, su trayectoria ha estado entrelazada con los hitos más significativos del club, desde la consolidación en Primera B hasta el ascenso a la ACB en la temporada 1991/1992. También estuvo presente en momentos difíciles; cuando el equipo descendió, Clua decidió quedarse y acompañar al club hasta Tercera Catalana, participando activamente en su recuperación, categoría a categoría, hasta que recuperó su competitividad.
Durante más de treinta años, su figura se mantuvo como un pilar en la identidad y el funcionamiento del club, no solo por su presencia en momentos clave, sino también por su contribución a la construcción del club que conocemos hoy.
Un adiós sentido
El BC MoraBanc Andorra abraza a su familia en estos momentos difíciles, mostrando el respeto y cariño de una entidad que ha crecido junto a Clua. La certeza de que hay personas que no desaparecen del lugar que ayudaron a construir se hace evidente, pues su legado persiste en los gestos cotidianos, en la forma de trabajar que permanece en el club.
Las trayectorias pueden llegar a su fin, pero las presencias dejan una huella imborrable. En el legado de Jordi Clua y en la manera en que construyó su historia en el club, su esencia sigue viva.
Descanse en paz.






