La ruta aérea Andorra-Madrid vuelve al foco: incidencias, dinero público y una pregunta pendiente sobre la gestión

Avión de Air Nostrum en el aeropuerto de Andorra con montañas al fondo
El avión de Air Nostrum en el aeropuerto de Andorra. Incidencias recientes han llamado la atención.

La conexión entre Andorra-La Seu y Madrid, operada por Air Nostrum, nació como una apuesta estratégica para conectar el Principado con Barajas y con la red internacional de Iberia. Pero las últimas incidencias reabren el debate sobre la calidad del servicio, la información al pasajero y el uso de subvenciones públicas.

La ruta aérea entre Andorra-La Seu d’Urgell y Madrid vuelve a estar bajo la lupa después de dos incidencias en menos de una semana. El último episodio señalado corresponde al vuelo del pasado 29 de mayo, procedente de Madrid, que realizó varios circuitos de espera en la zona de Ponts antes de modificar su operativa, según la imagen de Flightradar24 incluida en el documento de referencia. La imagen, por sí sola, no permite afirmar que hubiera una avería, un error humano, peligro para los pasajeros o una actuación incorrecta de la compañía. Pero sí ha vuelto a colocar el foco en una cuestión que muchos usuarios vienen denunciando: cuando algo se tuerce, la información no siempre llega con la claridad necesaria.

El debate ya no es solo operativo. También es económico. Esta conexión no es una ruta comercial cualquiera abandonada a la lógica pura del mercado. Es un proyecto considerado estratégico por Andorra y sostenido mediante aportaciones públicas para garantizar su viabilidad. En 2021, el Govern adjudicó a Air Nostrum la puesta en marcha de la línea con una retribución máxima de 630.000 euros para asegurar el primer año de explotación, en función de la ocupación real de la ruta. El contrato contemplaba dos vuelos semanales, viernes y domingo, y aviones de al menos 48 plazas.

La apuesta se encareció después. Para 2023, la aportación máxima del Govern pasó de 650.000 a 830.000 euros, según se explicó entonces, por el contexto económico y el aumento de algunos costes operativos. Es decir, la continuidad de la ruta exigió más dinero público para mantener el servicio.

Los datos oficiales conocidos muestran una ruta con utilidad, pero también con una demanda limitada. En la presentación del Govern de agosto de 2024 se indicaba que la línea Madrid-Andorra-La Seu había transportado más de 18.600 pasajeros desde su inicio y más de 4.500 en 2024, con una ocupación media del 52%, un 69% de ocupación en febrero en el sentido Madrid-Andorra-La Seu y un pico del 92%. El propio documento oficial reconocía que la ruta mantenía la subvención para hacerla viable a precios de partida y medios accesibles y competitivos.

La nueva adjudicación amplía aún más el marco económico. Para 2025 y 2026, el Govern fijó una subvención máxima de 940.000 euros para la ruta con Madrid y 660.000 euros para la de Palma, dentro de una operación conjunta adjudicada nuevamente a Air Nostrum. En total, 1,6 millones de euros de subvención máxima para consolidar las conexiones aéreas desde Andorra-La Seu.

A eso se suman otras aportaciones vinculadas al aeropuerto. En 2022, por ejemplo, el Ejecutivo destinó 353.084 euros a la explotación del aeropuerto Andorra-La Seu, mediante una subvención a Aeroports Públics de Catalunya.

Con estas cifras sobre la mesa, la pregunta cambia de escala. Una incidencia aérea puede ser comprensible. Una cancelación puede deberse a razones meteorológicas, técnicas o de seguridad. Un desvío puede ser la decisión correcta. Pero cuando hay dinero público comprometido, la exigencia de transparencia aumenta. Ya no basta con que el avión vuele cuando todo va bien. Hay que saber qué ocurre cuando no vuela, cuánto cuesta cada interrupción, quién responde ante el pasajero, qué transporte alternativo se activa y qué información se ofrece.

La ruta fue presentada en su origen como una vieja aspiración del Principado: conectar Andorra con Madrid y, desde Barajas, con decenas de destinos nacionales, europeos e intercontinentales. Air Nostrum defendió entonces que la conexión incorporaba Andorra al mapa de Iberia y de la alianza Oneworld. El avión previsto era un ATR 72-600, de 72 plazas, con billetes anunciados desde 59 euros por trayecto.

El problema es que la confianza no se construye solo con inauguraciones, cifras de ocupación o anuncios de conectividad. Se construye también en los días malos. Y ahí es donde los usuarios vuelven a plantear las mismas preguntas: quién les informa, quién les atiende, quién organiza el traslado si el avión no aterriza donde debe, quién asume los perjuicios y qué explicaciones se dan después.

No es la primera vez que las incidencias generan inquietud política. En septiembre de 2023, el Govern llegó a estudiar internamente la continuidad del contrato después de varias cancelaciones y desvíos. Entonces se informó de que 17 de las 119 operaciones realizadas hasta esa fecha habían sufrido algún tipo de incidencia, alrededor del 15%, incluyendo desvíos a Alguaire, Barcelona y cancelaciones.

También en diciembre de 2024 el PS pidió explicaciones por escrito sobre las cancelaciones en las rutas de Madrid y Palma. Las preguntas incluían el número de anulaciones, sus motivos, las explicaciones ofrecidas por Air Nostrum, las consecuencias económicas y la posibilidad de adoptar medidas más drásticas si la situación se repetía.

Por eso, después de las últimas incidencias, el asunto ya no puede reducirse a una anécdota de un vuelo que hizo esperas antes de completar su operativa. La imagen de Flightradar24 es solo el síntoma visible de un problema más amplio: una ruta financiada con dinero público, considerada estratégica para Andorra, que necesita ofrecer no solo conectividad, sino certezas.

La calidad de un servicio no se mide únicamente cuando el avión despega, aterriza y los horarios se cumplen. Se mide cuando hay una cancelación, cuando hay un desvío, cuando un pasajero se queda esperando explicaciones y cuando una administración debe justificar que el dinero invertido está sirviendo realmente para mejorar la movilidad del país.

Porque la cuestión de fondo no es solo qué ocurrió el 29 de mayo. La cuestión es si, después de millones comprometidos directa o indirectamente en esta apuesta aérea, los pasajeros salen de cada incidencia con la sensación de haber sido atendidos o con la sensación de haber sido dejados a su suerte.