La vulnerabilidad de nuestros mayores en Andorra
Andorra se encuentra en un momento de gran complejidad. El SAAS y la CASS enfrentan una creciente presión, y los que más sufren son los sectores más vulnerables de la población. En pocos años, el país ha experimentado un crecimiento desmesurado que no ha sido acompañado por una adaptación efectiva de los servicios públicos. El resultado es claro: la atención a la ciudadanía ha deteriorado notablemente.
Nuestros abuelos y abuelas han sido pilares en la construcción del país que conocemos hoy. Sin embargo, en lugar de brindarles apoyo en esta etapa de sus vidas, a menudo se les imponen más obstáculos. Cada vez más trámites requieren códigos, contraseñas y gestiones telemáticas. Muchos mayores carecen de los conocimientos digitales y recursos necesarios para afrontar estas situaciones con autonomía. ¿Y qué ocurre cuando no tienen familiares o personas cercanas que puedan ayudarles?
Desafíos en la atención y la vivienda
La digitalización no debe convertirse en una nueva forma de exclusión para ellos. Detrás de cada gestión hay personas que necesitan ser escuchadas, orientadas y atendidas con paciencia y respeto. Afortunadamente, todavía existen profesionales y ciudadanos que consideran que escuchar y ayudar debería ser la norma, no la excepción, en una sociedad que se precie.
Hace algunos años, Andorra era reconocida por su calidad en sanidad, educación y convivencia. Sin embargo, hoy día, muchas personas sienten que dicha calidad ha disminuido. La dificultad para encontrar personal sanitario cualificado genera preocupación, especialmente en lo que respecta a la asistencia hospitalaria, domiciliaria y en centros sociosanitarios y residencias.
Además, se suma el grave problema de la vivienda. Hay personas mayores que, tras toda una vida en su hogar, se ven incapaces de afrontar nuevos aumentos de alquiler y se ven obligadas a abandonar su casa. Esto ocurre precisamente en una etapa de la vida donde más necesitan estabilidad, tranquilidad y un sentido de pertenencia.
Falta de planificación ante el envejecimiento poblacional
Lo más alarmante es la falta de planificación ante el acelerado envejecimiento de la población. El Gobierno menciona programas como Radars, el Servicio de Atención Domiciliaria o las iniciativas de envejecimiento activo. Aunque son medidas positivas y necesarias, resultan insuficientes sin proyecciones demográficas adecuadas: más plazas sociosanitarias y residenciales, más recursos humanos y una planificación presupuestaria pensada para las próximas décadas.
Con índices de natalidad bajos, la pirámide demográfica de Andorra sigue envejeciendo. Si no comenzamos a dimensionar adecuadamente las infraestructuras y los servicios públicos, el problema solo crecerá.
El Gobierno, dirigido por Demòcrates, ha priorizado el crecimiento económico y los intereses materiales sobre la cohesión social. Esta decisión ha tenido consecuencias. Se ha ido perdiendo parte del sentido de comunidad, del respeto hacia quienes construyeron el país y de la identidad colectiva que durante años definió a Andorra. El legado de nuestros abuelos y padres está en juego. Lamentablemente, una sociedad no se mide únicamente por su nivel de riqueza, sino también por la forma en que trata a sus ciudadanos. En este momento, enfrentamos un problema grave que los responsables continúan sin abordar con la urgencia que requiere.
“Virtus, Unita, Fortior.” Una pena que esto solo se aplique cuando conviene.
Lluïsa Hurtado, afiliada de Concòrdia






