Encamp.- El Comú d’Encamp ha inaugurado el pasado 10 de mayo “el refugio de las Brujas de la leyenda de Engolasters”, un nuevo espacio artístico que se ubica en el camino de las Pardines, a medio camino entre Encamp y el lago de Engolasters.
Este proyecto ha transformado un antiguo refugio de montaña en un sitio dedicado a resaltar la memoria oral, recuperando una de las leyendas más conocidas del bosque de Engolasters y el lago. A su vez, busca visibilizar la memoria histórica de las mujeres acusadas de brujería en las Valles de Andorra, particularmente en la parroquia de Encamp.
Inauguración y simbolismo
El cónsul menor, Xavier Fernández, junto con la consejera Verònica Solsona, fueron los encargados de descubrir el enigmático gato negro que se encuentra en el exterior del refugio. Este elemento, de acuerdo con la iconografía tradicional, sirve como atractivo. Solsona explicó: “hemos querido crear un simbolismo, a interior esta idea mística, con la oscuridad que acompaña el misterio, para explicar la leyenda, y a exterior, este tótem, en plena luz, para mostrar la parte verdadera de la historia en torno a las mujeres acusadas de brujería en la Edad Media”.
La consejera agregó que “el objetivo era dignificar este espacio, que a veces ha sido menospreciado y ha sufrido incivismo, convirtiéndolo en un lugar atractivo para los visitantes, recuperando y visibilizando leyenda e historia”.
Atractivo turístico y colaboración histórica
Gracias a esta intervención, el Comú ha dignificado este espacio, transformándolo en un atractivo turístico para quienes pasean por las Pardines, así como en un lugar de divulgación histórica a través del código QR presente en el tótem exterior.
En el interior del refugio se encuentra un mural de gran formato del artista Àngel Calvente, inspirado en el lago y en la leyenda de las brujas de Engolasters. Este mural invita a sumergirse en el imaginario colectivo relacionado con el lugar y a redescubrir su simbolismo. Calvente también incorporó un tótem en el exterior, coronado por un gato negro, un animal tradicionalmente asociado a la magia y la superstición, que conecta con una iconografía parte del relato popular. “Ha sido una muy buena experiencia trabajar en este mural en las Pardines, donde continuamente la gente paraba y expresaba su interés”, comentó el artista.
Además, la iniciativa ha tomado una dimensión histórica y divulgativa gracias a la colaboración del historiador Pau Castell, especializado en la persecución de la brujería en los Pirineos. Castell ha contribuido a contextualizar las leyendas y la realidad histórica de las acusaciones de brujería en Encamp. Destacó la gran cantidad de documentación histórica sobre los juicios por brujería en la Edad Media en Andorra y afirmó que “actos como estos ayudan a la divulgación histórica y a que se conozca esta parte de la historia por el gran público y no solo entre los especialistas”.
La leyenda de Engolasters
El lago de Engolasters es uno de los lugares más mágicos y enigmáticos de Andorra, así como escenario de una de sus leyendas más famosas. Según la tradición popular, la noche de San Juan, las brujas de todo el Pirineo se reunían junto al lago para celebrar su gran aquelarre. Se decía que llegaban volando desde muchos lugares: de las valles de Andorra, así como del Canigó, del Puigmal o del Cadí.
Cuando caía la medianoche y la luna iluminaba las aguas del lago, comenzaba la celebración. Las brujas danzaban en círculo alrededor del demonio, que presidía la reunión en forma de macho cabrío. Entre música, gritos y rituales, compartían conjuros y secretos. Algunos jóvenes de las aldeas cercanas, atraídos por la curiosidad, subían a escondidas hasta el lago para observarlas. Sin embargo, si eran descubiertos, las brujas les lanzaban un hechizo que los transformaba en gatos negros, condenados a unirse a la danza hasta el amanecer. Al salir el sol, el lago regresaba a la calma y los jóvenes despertaban sin recordar lo que había ocurrido.
Historia y realidad
Más allá de la leyenda, las acusaciones de brujería son también parte de la historia de Andorra. Entre los siglos XV y XVII, en la parroquia de Encamp, decenas de mujeres fueron señaladas como brujas por sus vecinos, acusadas de causar enfermedades y muertes de personas y ganado. Muchas de ellas terminaron siendo juzgadas por el Tribunal de Corts andorrà, que las condenó a penas como destierro, muerte en la hoguera o en la horca, y confiscación de sus bienes.
Gran parte de esos juicios se han perdido, pero algunos se conservan en el Archivo Nacional de Andorra. Actualmente, se pueden identificar un total de 34 encampadanes (32 mujeres y 2 hombres) acusados de brujería entre 1450 y 1661. Algunas lograron escapar, pero al menos siete fueron ejecutadas y otras desterradas de las valles. Estos casos demuestran que detrás de los mitos y la iconografía popular, había personas y hechos reales. A menudo, las acusaciones respondían a miedos, creencias arraigadas o a la necesidad de encontrar responsables por las dificultades de la época.
Hoy, este espacio busca ser también un lugar de memoria y reflexión, que invita a mirar al pasado con una nueva perspectiva para entenderlo mejor y visibilizar a aquellas mujeres que fueron víctimas.






